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La última caída de El Hijo del Santo

La noche del 14 de diciembre de 2025 quedará grabada en la memoria de todos los aficionados a la lucha libre, porque en el Palacio de los Deportes, el legendario Hijo del Santo se despidió del cuadrilátero a lo grande, cerrando un capítulo de 43 años con una victoria memorable. En este día, los gritos de “¡Santo, Santo, Santo!” resonaron como un canto de sirena que unió a generaciones bajo la magia de su presencia.

El Enmascarado de Plata enfrentó a rudos como el Hijo de Fishman, Texano Jr., y Dr. Wagner Jr., en una batalla que prometía ser una verdadera prueba de fuego. Desde el primer momento, los espectadores sabían que no sería un adiós fácil, ya que sus adversarios intentaron jugar sucio, blindando la lucha con trampa y mala fe. Pero el Hijo del Santo, como un verdadero gladiador, no se dejó amedrentar ni por un instante.

Acompañado de su equipo, compuesto por LA Park y Último Dragón, la leyenda de la lucha demostró que la experiencia y la habilidad siempre triunfan. Con su emblemático movimiento ‘La de Caballo’, el Hijo del Santo sometió a uno de sus rivales, llevando al público al borde del delirio. Cada golpe y cada llave fueron celebrados como un último souvenir de su grandeza en el ring.

El ambiente era electrizante. Con cada movimiento, los fans se convertían en cómplices del espectáculo, ovacionando a su héroe y disfrutando de cada momento. Cuando sus adversarios intentaron frustrar su última danza en el cuadrilátero, el Hijo del Santo supo responder. LA Park y Último Dragón se deslizaron sobre el escenario, dejando claro que la unión hace la fuerza.

Al final de la contienda, con un remate brillante, el Hijo del Santo levantó el puño en señal de victoria, agradeciendo a todos sus seguidores: “Gracias a esos papás que me llevaron a ver lucha cuando eran niños, y a esos jóvenes que ahora son abuelos”, expresó con la voz entrecortada, dejando caer unas lágrimas que reflejaban tanto alegría como melancolía.

Su legado, no cabe duda, permanecerá vivo en el corazón de la afición, mientras que su hijo, Santo Jr., se enfrenta al primer gran reto de su carrera, prometiendo continuar el camino de su familia, con el mismo ímpetu y coraje.

El Hijo del Santo se puede ir, pero su espíritu y su historia quedarán grabados a fuego en la memoria colectiva de quienes aman la lucha libre. ¡Hasta la próxima, ícono!

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