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El mezcal que invita a detener el tiempo y saborear la historia

Hay bebidas que simplemente se toman y otras que, sorbo a sorbo, cuentan una historia. Ese es el espíritu que busca transmitir No Me Dejes, un mezcal que apuesta por la tradición artesanal, la conexión con la tierra y, sobre todo, por recuperar el valor cultural que existe detrás de cada botella.

Andrea García, directora de Marketing de No Me Dejes, explica que el nombre de la marca nació de una idea tan cotidiana como poderosa: el deseo de conservar aquello que queremos. “No Me Dejes es un himno al amor”, señala, al explicar que la frase puede dedicarse a una persona, a una relación, a la familia o incluso a esos momentos que uno quisiera congelar para que nunca terminen.

La filosofía de la marca parte precisamente de esa premisa: vivir el presente y reconocer las cosas que hacen especial cada día. “Las personas estamos muy acostumbradas a vivir en el pasado o en el futuro y pocas veces vivimos el presente”, comenta García. De ahí que cada trago busque convertirse en una invitación a detener el reloj, disfrutar la compañía y brindar por aquello que vale la pena conservar.

El mezcal se elabora en Santana del Río, Oaxaca, una comunidad ubicada entre los valles oaxaqueños y a unas tres horas de la capital del estado. Con apenas alrededor de 550 habitantes, buena parte de la población participa en actividades relacionadas con la elaboración tradicional campesina del mezcal.

Detrás de No Me Dejes existe una familia mezcalera de tercera generación que trabaja con agaves propios y algunas variedades silvestres recolectadas en la región. El producto se elabora en su propio palenque, siguiendo técnicas que han pasado de generación en generación.

La propuesta contempla distintas expresiones. La botella roja, considerada insignia de la marca, está elaborada con agave espadín y tiene una graduación de 50 grados de alcohol. La verde corresponde a un agave rodacanta, conocido también como maguey mexicano, mientras que otras etiquetas exploran diferentes perfiles y métodos de elaboración.

Entre ellas destaca el mezcal ancestral de agave coyote, considerado por la marca como su expresión más premium. Su materia prima crece de manera silvestre entre las piedras, sin necesidad de cultivo o riego, lo que convierte cada ejemplar encontrado en una especie de pequeño tesoro de la naturaleza.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante para quienes disfrutan conocer qué hay detrás de una copa. Mientras el mezcal artesanal pasa por procesos como la cocción en horno cónico de piedra, molienda en tahona, fermentación en tinas de madera y doble destilación en alambique de cobre, la versión ancestral lleva el procedimiento todavía más lejos.

En este caso, la molienda se realiza manualmente con mazos de madera y la destilación se lleva a cabo en ollas de barro. Es un trabajo que requiere la intervención de varias personas y que, de acuerdo con García, modifica las características sensoriales del producto.

Pero No Me Dejes también busca abrir la puerta a nuevos consumidores. Entre sus propuestas se encuentra una expresión de menor graduación pensada principalmente para la coctelería, así como un mezcal sin alcohol destinado a la preparación de “mocteles”, eventos deportivos y consumidores que buscan alternativas diferentes.

La marca, además, ha comenzado a mirar hacia otros mercados. Sus primeras variedades ya pueden encontrarse en restaurantes de Texas, particularmente en Austin y Houston, mientras que también contempla llegar próximamente a San Francisco. En Canadá, actualmente se comercializa el espadín de menor graduación mencionado durante la entrevista.

Sin embargo, entrar a las grandes cadenas de autoservicio no forma parte, por ahora, de la estrategia de No Me Dejes. La razón tiene que ver con una preocupación que García repite a lo largo de la conversación: la necesidad de educar al consumidor.

Nos falta cultura, nos falta entender la cultura del mezcal”, afirma. Para la directora de Marketing, todavía existen numerosos mitos alrededor de esta bebida, desde la idea de que todos los mezcales son necesariamente ahumados hasta la creencia de que un producto artesanal tiene que ser escaso.

La realidad, sostiene, es mucho más amplia. Un mezcal puede conservar sus procesos artesanales y, al mismo tiempo, alcanzar volúmenes importantes de producción. En el caso de No Me Dejes, se pueden obtener alrededor de mil 200 litros por producción, sin que eso signifique abandonar los métodos tradicionales.

Otro de los grandes mitos que busca derribar la marca es que el mezcal necesariamente debe tener un marcado sabor ahumado. De acuerdo con García, los perfiles dependen de múltiples factores relacionados con la cocción, la fermentación y las condiciones naturales de cada región. Por ello, hay expresiones con notas herbales y prácticamente sin características ahumadas.

Y si usted es de los que piensa que un mezcal solamente puede disfrutarse con naranja y sal de gusano, quizá sea momento de darle una segunda oportunidad al paladar. García recomienda primero probarlo solo y permitir que sus aromas y sabores se expresen sin interferencias.

La mejor manera de tomar un mezcal es solito”, explica. Después, si se desea acompañarlo, pueden explorarse diferentes maridajes, desde mole y pescado hasta cochinita pibil, tomate verde, piña o incluso chocolate con un alto porcentaje de cacao.

La especialista también comparte una pequeña guía para quienes quieran convertir la próxima copa en una verdadera experiencia sensorial. El primer consejo es no llevar inmediatamente la nariz a la copa, pues al principio lo que se percibe principalmente es el etanol. Lo ideal es dejar reposar unos instantes la bebida para permitir que los alcoholes se evaporen.

Después llega el momento de probarla y dejar que el líquido recorra la boca para identificar sus primeras sensaciones. En un segundo sorbo comienzan a aparecer otros perfiles y texturas. Más adelante, el paladar puede encontrar recuerdos que van desde tierra mojada hasta agave cocido, vainilla o hierbas, aunque estos últimos no sean ingredientes añadidos.

Cada botella cuenta una historia diferente”, destaca García, al explicar que las notas que identifica cada persona también están relacionadas con su propia memoria. Un aroma puede llevar a alguien hasta la infancia, mientras que otra persona puede encontrar una referencia completamente distinta.

Para No Me Dejes, esa conexión entre bebida, memoria y emociones tiene todo el sentido del mundo. Al final, la marca nació precisamente con la intención de celebrar aquello que queremos conservar.

La propuesta también busca reivindicar las manos detrás de cada botella. “Antes de que disfrutes un mezcal, entiendas un poquito de esta parte cultural, esta conexión que tiene con la tierra, esta conexión que tiene con las familias mezcaleras”, pide García.

Porque detrás del líquido cristalino hay agricultores, maestros mezcaleros y familias que pasan largas jornadas bajo el sol trabajando con el agave. Hay manos que cambian de color durante la fermentación y personas que conocen el proceso desde la tierra hasta la botella.

Por eso, la directora considera que el mezcal debe ser entendido como un producto cultural y no únicamente como una bebida alcohólica. Su historia está ligada al territorio, al trabajo campesino y a una tradición que ha enfrentado transformaciones y desencuentros a lo largo de los años.

Incluso el agave tiene una importancia que rebasa la bebida. En tiempos prehispánicos era conocido como una especie de “oro verde” por la gran cantidad de usos que tenía, mientras que el mezcal, aclara García, no debe confundirse con bebidas de origen prehispánico como el pulque.

Así que la próxima vez que tenga una botella de mezcal frente a usted, quizá valga la pena hacer una pausa antes de levantar el vaso. Preguntarse de dónde viene, cómo fue elaborado, qué variedad de agave contiene y qué historia hay detrás puede cambiar por completo la experiencia.

Y es que, como dice Andrea García, el mezcal se disfruta con los cinco sentidos. Se observa, se escucha al abrir la botella, se huele, se saborea y, sobre todo, se relaciona con los recuerdos.

Tal vez por eso No Me Dejes eligió ese nombre. Porque hay momentos que uno quisiera que duraran para siempre y, entre una buena charla, amigos y un mezcal servido con calma, quizá la mejor respuesta sea precisamente esa: no me dejes.

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